Octavio Getino opina sobre los estudios de las Industrias Culturales PDF Imprimir Correo electrónico
Jueves 28 de Agosto de 2008
Director argentino de cine y TV. Investigador en medios de comunicación y cultura. Ex-coordinador del Observatorio de Industrias Culturales de la Secretaría de Cultura de Buenos Aires.
 
ODAI: Cuáles son los antecedentes sobre el estudio de las industrias culturales en Argentina?

OG: Sobre industrias culturales hubo algunos trabajos relevantes, uno de ellos surgió en el 2000 (que fue una decisión de los Ministros de Cultura del MERCOSUR), para hacer un estudio sobre las industrias culturales en MERCOSUR. De allí también salió un estudio (que lo apoyó la OEA) el cual se sumó al anterior sobre la Argentina, y demás.

Octavio Getino

 
Después, a partir de eso, surgió en la Secretaría de Cultura de la ciudad de Buenos Aires la necesidad de poner en marcha un proyecto para mirar la evolución de la dimensión económica, el empleo y todo lo que tuviese que ver con las industrias del sector cultural, y a través de eso me encargaron del Observatorio de Industrias Culturales de la ciudad de Buenos Aires. Este no se creó como Observatorio Cultural porque empezó a depender de una Sub-secretaría de industrias culturales dentro de la Secretaría de Cultura. Si se hubiese hecho directamente desde la Secretaria de Cultura hubiese sido mucho más abarcador sobre el conjunto de la cultura. Esto sesgó de alguna manera toda la actividad del Observatorio, en la página web se encuentra todo lo que se ha ido produciendo, se han producido anuarios, varias revistas, yo me fui un mes antes de que asumiera el nuevo gobierno de la ciudad, ahora no hay revistas, pero si hay un boletín electrónico, se hicieron talleres, encuentros para tratar el tema de la recopilación, procesamiento de datos cuantitativos sobre cómo evolucionan las industrias en la ciudad.
 
Posteriormente a eso coordinamos durante un tiempo corto un observatorio de MERCOSUR audiovisual. Más relacionado con la cinematografía en MERCOSUR, Venezuela, Brasil, Argentina todos los demás, pero con todo el tema que hay de la situación cinematográfica y la dificultad que a veces tienen los organismos como el MERCOSUR, quedó un poco trabado, pero es posible que se vuelva a retomar. Son dos observatorios que hicimos, no tanto sobre derecho de autor, sino específicamente sobre la importancia de la dimensión económica de este sector. A partir de eso se desarrollaron actividades en Bogotá, en otras partes de América Latina discutiendo estos asuntos donde la problemática que encontramos fue la necesidad de ir definiendo indicadores para la obtención y procesamiento de datos que permitiesen medir la evolución en los rubros de facturación, producción, balanza comercial, empleo y también en derecho de autor.

El libro “El capital de la cultura. Las industrias culturales en la Argentina” es hecho desde mi inquietud personal, como fueron otros que tengo sobre el tema. Ya hay una segunda edición, la primera se hizo con el Senado de la Nación de Argentina y el parlamento cultural de MERCOSUR también. Allí hay un capítulo que se ocupa específicamente de derecho de autor en la Argentina, desarrolla algunos aspectos conceptuales sobre el derecho de autor y ofrece datos sobre lo que tiene que ver con las dos entidades principales que hay en este país Argentores y Sadaic. También incorpora a Capif como asociada a veces en ciertos proyectos y en ese sentido hay algunos elementos sobre el derecho de autor. Para hacer ese trabajo se consultó bibliografía, allí hay dos o tres estudios que se hicieron en países del MERCOSUR propiciados por la OMPI sobre las industrias y las actividades del derecho de autor, la dimensión que tenían, algunos de ellos coordinados desde una universidad en Brasil, estudios sobre las industrias del derecho de autor en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Fueron actividades que se desarrollaron en un marco donde el tema del derecho de autor ha sido revisado.

ODAI: Cuál es su opinión sobre todos estos estudios que se han desarrollado en la región?

OG: Creo que hay avances muy fuertes, el primero que salió sobre ese tema que era industrias culturales en Argentina comenzó con una dinámica que ha ido creciendo enormemente. Vale decir, en los últimos 10 años este tema se ha expandido sobre Iberoamérica, ahora va a haber un Congreso Iberoamericano de Cultura, el primero que se hace, será la primera semana de octubre en Ciudad de México, elige como tratamiento temático la industria audiovisual, el cine y el audiovisual. En el 2do congreso de cultura que se hace en Argentina en el mes de octubre también, se tratará el tema de las industrias culturales entre otros, pero no sólo ese. Yo he visto los avances que se han dado en Colombia, lo que se dio en Chile a fines de los 90 y principios de este siglo, las publicaciones sobre el impacto de la cinematografía en la economía colombiana, el impacto de la cultura en la economía chilena, que fueron publicados por el Convenio Andrés Bello, por otra parte en México está Ernesto Piedras, que ha trabajado vinculado también a los derechos de autor.

ODAI: y sobre las metodologías….

OG: En todos ellos hay diferencias en metodologías, me mandaron esta semana de la UNCTAD un estudio que es el más ambicioso que he visto hasta ahora desde un organismo internacional, Informe sobre la economía creativa en 2008. Son como 350 páginas, está en Internet, donde aparece otro concepto mas reciente aún, porque esto recién aparece en 1996 en Australia, después Reino Unido también lo asume ya como política, y ha empezado a penetrar en algunos países de América Latina.

Entonces ahí ya no son sólo las industrias culturales sino que se introducen nuevos campos de estudio, sobre este tema hay como 4 ó 5 modelos internacionales c/u de ellos con enfoques diferenciados. El tema es que cuando uno habla de la dimensión económica de este campo lo que hace falta es precisar a qué campo estamos refiriéndonos, porque de lo contrario podemos decir que movemos 50 mil millones de dólares y no sabemos si en esto se incluye lo que tiene que ver con diseño de juguetes, de moda, o entretenimiento y deportes, o bien si se acota a los medios de comunicación y las industrias culturales clásicas; si a ello se incorporan también lo que llamamos las industrias auxiliares, que son aquellas que producen máquinas y equipos de insumos que no existirían sin las industrias culturales como son la producción de televisores u otras electrónicas. En este punto yo creo que hay todo un debate donde no hay verdad absoluta y lo que hace falta es tener en cuenta el estudio de estas cuestiones para que las conclusiones de esto puedan ser aplicadas a políticas de desarrollo nacional más que sectorial.

A veces el tema de las industrias culturales se queda acotado al rango nada más de derecho de autor y elimina una serie de elementos que pueden interesar a una política de Estado que quiere atender todo el proceso que se ha dado de concentración, de conglomerados, de grandes empresas y al mismo tiempo tiene que apoyar la solución de las necesidades que tienen las PYMES. Entonces el derecho de autor forma parte de todo esto, pero al mismo tiempo, hay una serie de instancias que requieren de políticas e, incluso, de legislación.

ODAI: En ese sentido se puede poner el ejemplo de Ernesto Piedras que en su última investigación para Guatemala incluye el patrimonio cultural, obviamente debe ser importante para ellos cuantificarlo pero se sale del derecho de autor….

OG: Claro, la única verdad que hay es la situación que vive un determinado territorio, una determinada comunidad, un determinado país, una determinada región. En función de eso, lo que hace falta es definir, a partir de todo este panorama que se ha desarrollado en los últimos años, qué cosas son las que pueden ser mas adecuadas para el mejoramiento y desarrollo de esa situación local o regional. No creo que acá importe tanto un debate académico de industrias culturales vs. creativas, del entretenimiento o del derecho de autor. Eso puede servir para un paper, para un artículo, para una conferencia y demás, pero el trabajo que intentamos hacer acá, sobre todo, es que sirva realmente a mejorar la política pública en este sector y a mejorar las prácticas del sector privado para que pueda competir de mejor manera.

En la medida en que las realidades son distintas a nivel nacional, dentro del propio país, hay un esquema de estudios nacionales pero al mismo tiempo también tienes que irlo bajando a las provincias, a los estados, a los departamentos, porque la obtención de datos requiere también ir a todos los territorios de un país. Allí me parece que estas diferencias que hay de carácter histórico, político, cultural deben ser tenidas en cuenta para definir qué modelo o qué líneas de trabajo desarrollar. Así se evita seguir otros modelos lejanos como los australianos, con Throsby a la cabeza, que han hecho determinadas cosas y mecánicamente lo replicamos acá. Digo esto con el respeto que les tengo a todos los que están trabajando así, pero creo que hace falta partir siempre, para estos estudios, de lo que es cada sitio, cada territorio, cada situación; que es diferenciada, hay diversidad. Hay que ver críticamente todo lo que esta ocurriendo con el fin de definir aquello que más nos interesa, y en ese proceso ir concertando y articulando diálogos con otros espacios para, a partir de eso, darle a todo esto una dimensión más regional o internacional.

ODAI: Dentro de esa diversidad de criterios con que se han hecho todos estos estudios, considera que debe haber unos mínimos acuerdos para hacer comparables estas mediciones?

OG: Totalmente, los acuerdos pasan tanto por los indicadores de carácter cuantitativo como los de carácter cualitativo. Quizá en el caso cuantitativo es más fácil. Más fácil hasta cierto punto, porque hay mucha información que está oculta, no trasciende demasiado, hoy en día en la competencia entre las empresas la información es muy limitada, pero también existen organismos del Estado que tienen que estar regulando o controlando esto. Por ejemplo, a través de las Secretarías de Estado de Trabajo se habla del nivel personal ocupado, a través de las facturaciones habrá una definición sobre todo esto. Las sociedades de gestión autoral y demás, evidentemente están mas comprometidas y tienen que dar cifras más confiables, porque hay un control de ellas por parte de los asociados: autores, músicos, guionistas, escritores, demás. Pero sí creo que es importante partir de unos indicadores básicos compartidos, yo creo que hay avances en ese sentido, en los últimos 3 o 4 años han crecido en América Latina los sistemas de información cultural.

En materia de cuentas nacionales el único país que tiene cuenta satélite de cultura en América Latina y uno de los pocos en el mundo es Colombia. Pero fuera de ahí, hay un proceso hacia el sistema de información cultural, en Argentina, en Chile también, pero es costoso, se requiere bastante tiempo y además tiene que coincidir todo lo que viene de información desde el campo de la cultura con lo que tiene que ver con el procesamiento de la información de la economía y el sistema de cuentas nacionales.

ODAI: Luego no es sólo tenerlo…

OG: Cierto, y yo creo que acá es donde mas carencias hay en las PYMES por la falta de asociatividad, la disgregación, la falta de recursos económicos. Las grandes empresas tienen información de todo esto porque una empresa que factura mil millones o 500 millones y demás, puede darse el lujo de contratar una consultora o un grupo de investigadores que les da toda una información que se guardan y se lo reservan porque les ha costado plata y además les sirve para intervenir en el mercado.

Es ahí donde el Estado debe intervenir bastante, además porque el porcentaje que pesan las PYMES es mucho, la mayor cantidad de gente trabaja en las PYMES, la mayor cantidad de facturación también viene de las PYMES por mas que una buena parte de la actividad económica se concentre en 8 o 10 grandes empresas. En ese sentido sí creo que hacen falta acuerdos sobre indicadores y estos se están empezando a hacer, en las últimas reuniones que se hicieron de Ministros de Cultura de Iberoamérica, se decidió poner en marcha el sistema de indicadores comunes de carácter cuantitativo y también cualitativo. Creo que hay avances, acá en Argentina está el SINCA -Sistema Nacional de Información Cultural- y sistemas parecidos existen en Brasil y demás. Ahora, eso cuesta, estuve en Bogotá hace pocos meses donde se planteó por qué no elaborar indicadores para ver el impacto de las políticas de cultura en lo social y en lo cultural, vale decir no medir tanto el número de libros que se producen, o vendidos, o cuánto es el presupuesto del gobierno, sino, ¿en qué medida ha incidido o no en la atenuación de la violencia?, ¿en la inclusión social?, ¿en el menor consumo de drogas?, ¿ha servido en todo esto? o ¿sólo para hacer un show musical, sacar unos cuantos libros?, ¿esto de qué manera ha impactado en lo que más preocupa a una sociedad que es el desarrollo y el mejoramiento de su calidad de vida de sus relaciones, sus valores, la democracia?

ODAI: En ese sentido, por ejemplo, interesa mirar si los autores en América Latina hoy viven mejor que hace unos años…

OG: Depende de las áreas, porque si es el autor literario, yo digo vive igual o peor, no tiene mayor avance. Habrá más cantidad de gente, pero eso también depende del país, si hay una industria editorial poderosa bien, pero si es un autor paraguayo, pobre paraguayo. Vengo de Centroamérica ahora y tienen dificultades enormes, en el caso de la música hay problemas también, por eso las políticas deben fortalecer las industrias culturales locales.

Hay músicos locales que no quieren que sus discos, sus obras pasen a través de las majors, menos de las disqueras, porque descubren que la mayor rentabilidad la tienen con sus espectáculos y si en esos espectáculos, dado que la tecnología se lo permite, van con sus cd, dvd y lo venden directamente, ganan plata. En cambio si el disco lo tienen que llevar a la major, que se queda con un porcentaje, y la major a la distribuidora, y al mismo tiempo no te rinden cuentas a veces, (yo soy autor y generalmente no me rinden cuentas las editoras), entonces hoy en día la relación entre el autor y su público parece mucho mas directa. Esto hace que si bien siguen siendo importantes las sociedades de gestión del autor, el intérprete que a veces es el mismo autor, prefiere una relación directa.

ODAI: El Estado entonces debe apoyar y diseñar nuevos modelos de negocios para estos nuevos autores?

OG: Lo que hace falta es que el Estado regule de tal manera que el derecho de autor siga preservándose, pero que al mismo tiempo la sociedad pueda acceder a ese bien de los autores y no deba prescindir de eso, la lambada la hicieron en Bolivia por ejemplo, una música popular, pero Estados Unidos se apropió de ella, ahora, si alguien quiere usar la lambada tiene que pagar, ¿a quién se los paga?, a los bolivianos que la generaron, o a quién?

Tenemos que procurar que nosotros mismos seamos competentes en producir nuestra música y sacarla desde las industrias latinoamericanas: grandes, chicas o medianas, de cualquier forma. Hace falta desarrollar conciencia de cierta autonomía nuestra para que nuestros derechos se queden acá. Más en este mundo de mercado globalizado, donde la globalización de ciertas tecnologías empieza a cuestionar bastante todo. Cada industria es distinta, la industria del libro no ha cambiado demasiado todavía pero ya Internet posibilita ciertas cosas, en España hay portales o sitios Web donde se mandan los originales de un libro y si ellos lo aceptan (que generalmente lo hacen), lo imprimen a pedido de quien lo solicita. Entonces la relación directa del autor con el consumidor a través de un sello editorial que no produce libros con soportes sino que si se pide el libro lo hacen, ellos hacen el diseño uno lo aprueba, ellos se llevan un porcentaje y se elimina la librería.

ODAI: y usted qué opina de eliminar la librería en América Latina?

OG: Creo que no va a ser posible y tampoco sería útil. Yo vengo del cine y allí estamos deseando que no cierren las salas de cine y que haya más salas de cine. También en el campo del libro hace falta que haya librerías, vas a muchas provincias y no hay librerías, hace falta intensificar la lectura de libros, como objeto. Porque la cualidad que tiene el libro es que uno compra el libro no por el libro-objeto sino por la obra literaria, la dualidad que tiene cada producto cultural es importante, uno compra un libro o un diario por el contenido, por lo simbólico, lo que representa para cada uno, y luego hace con estas cosas lo que quiere, lo guarda o lo regala, pero es la obra el contenido lo que importa Fin