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Jueves 29 de Octubre de 2009
Javier Machicado*

Las artes visuales: entre la invisibilidad y el mercado

El movimiento de las obras de las artes visuales se hace a través de galerías, subastas, intermediarios, y puede alcanzar precios tan altos que su economía puede llegar a parecerse bastante a la dinámica del mercado especulativo de valores financieros. La diferencia, sin embargo, es que en el mercado de las obras de arte altamente reconocidas, las cantidades ofrecidas son limitadas y el número de demandantes con capacidad de compra es bajo. Lo anterior determina que se trate de un mercado cultural no masivo, para muchos elitista, bastante restringido y pequeño, sin gran representatividad económica. Los museos, entre tanto, más apegados a su función patrimonial, continua y lenta, suelen desempeñarse conjugando criterios de mercado con los de la administración cuidadosa de recursos públicos destinados a su labor.

Estas especificidades del sector económico de las artes visuales difícilmente lo hacen comparable con las industrias masivas de la cultura, éstas sí con un importante peso económico. Sin embargo, la gestión de los diferentes mercados de las artes visuales exige el desarrollo de importantes habilidades empresariales por parte de sus agentes. Los museos, por ejemplo, desarrollan día a día habilidades para gestionar su financiación, cada vez menos dependiente de recursos públicos y más de recursos del mercado. Las artes visuales no pueden desapegarse de las prácticas de los mercados competitivos.

La distancia que pese a todo se guarda entre las artes visuales y las dinámicas empresariales determina que la información existente sobre los aspectos económicos de este sector cultural sea muy deficiente en una región como América Latina. Los desafíos en aspectos como la situación laboral de los artistas, la financiación de los museos, la asistencia del público a los mismos, etc., no son menores, y mayores esfuerzos deben hacerse para diagnosticarlos.


La racionalidad económica del mercado de las artes visuales

Economistas como Françoise Benhamou y Raymonde Moulin (L’économie de la culture, Ed. La découverte, 2003) distinguen tres mercados de las artes visuales. En primer término, se encuentra el mercado de las pinturas estereotipadas, cuya factura puede ser de calidad variable y son destinadas principalmente a la decoración; se parece bastante a un mercado competitivo, con una oferta abundante y un público amplio. Existe, en segundo término, el mercado de las obras de arte reconocidas por comerciantes, críticos, curadores, académicos, galeristas y coleccionistas, sobre las cuales un juicio histórico ya ha sido proferido. Se trata de un mercado en el que la oferta es rígida y limitada (oligopolio), mientras que la demanda es ejercida por compradores poco numerosos (oligopsonio). En tercer término, está el mercado de las obras de arte contemporáneas, que funciona parecido al mercado de las obras clásicas pero que sin embargo goza de una oferta de obras reconocidas más abundante.

En el caso de los últimos dos tipos de mercado los expertos evalúan el valor estético de la obra, a lo que se asocia un valor de mercado o precio, que es afectado por numerosos factores. El valor estético y por tanto el precio de una obra de arte es función de factores complejos como el capital artístico o la notoriedad del artista, del tiempo transcurrido desde la primera exposición del artista, de los premios ganados, de las exposiciones anteriores en galerías y museos, de los precios de venta anteriores y del formato (pintura, escultura, fotografía, etc.) de la obra, entre varios otros.

Los museos, finalmente, viven con la paradoja de ser lugares inmensamente ricos, por el valor de las colecciones que conservan, y muy pobres, por los bajos presupuestos para funcionamiento que les son destinados. Normalmente deben hacer frente al problema de la financiación a través de diversas alternativas como el financiamiento público, el mecenazgo y los ingresos por productos derivados como los pagos por los billetes de entrada, ventas de objetos en tiendas y boutiques alusivas a las obras exhibidas, alquiler de colecciones y espacios, venta de obras menores, etc. Según el Ministerio de Cultura de España, por ejemplo, los museos de bellas artes representan el 14% del total de museos del país y los de arte contemporáneo el 8%. Éstos se financian de fuentes públicas en un 66% (recursos estatales, autonómicos, locales mezclados) y en un 31,4% de recursos privados. Un 2% corresponde a otro tipo de recursos.


Lo que se conoce sobre el sector de las artes visuales iberoamericanas

De manera generalizada, las actividades económicas relacionadas con las artes visuales y los museos tienen muy bajo poder explicativo sobre el índice de importancia económica de las actividades de las industrias protegidas por el derecho de autor. El estudio La contribución económica de las industrias del derecho de autor y los derechos conexos en Colombia (Dirección Nacional de Derecho de Autor y Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, OPMI, 2008), por ejemplo, encuentra en 2005 un muy bajo porcentaje de participación de las actividades ligadas a las artes visuales (arte, diseño y composición, 0,1%; estudios y fotografía comercial, 1,8%; compositores, escritores, arreglistas y directores de teatro, música y otras actividades artísticas –incluye actores y directores de cine, artistas plásticos y galerías de arte–, 6,7%) en el total de las industrias básicas protegidas por el derecho de autor, que a su vez explican apenas el 1,9% del PIB colombiano. Una afirmación similar se puede hacer para las actividades de los museos que representan el 1,5% de las actividades parcialmente cubiertas por el derecho de autor, que en total pesan 0,3% del PIB nacional.

Según el Informe de la economía creativa de la ciudad de Buenos Aires del Observatorio de Industrias Culturales de esta ciudad, el sector de las Artes visuales y escénicas que incluye la “venta al por menor de artículos de colección, obras de arte y artículos nuevos”, “servicios teatrales y musicales y servicios artísticos” (subdividido en sector público y privado) y “servicios de espectáculos artísticos y de diversión N.C.P.” representó apenas el 3,8% del valor generado en 2007 por las industrias culturales en la ciudad en valores constantes, que a su vez representan el 8,5% del valor agregado de la ciudad.

Según Pau Raussel en El Valor Económico de la Cultura en la Región de Murcia (Murcia Cultural. Murcia, 2009) el caso español no es la excepción. En este país las actividades de las artes visuales representaban apenas el 4,32% del PIB generado por el sector cultural. En un interesante cálculo, Raussel mide la productividad media por trabajador de las artes visuales. Sus resultados muestran que, a pesar de que la productividad del sector cultural en general es una de las más altas de la economía, el sector de las artes visuales muestra una productividad por debajo de la media sectorial y de la economía en general. Según el autor, esto se debe a que existe una fuerte relación de dependencia de las artes visuales respecto a las actuaciones del sector institucional público, y en consecuencia está bastante alejado de criterios que tengan que ver con la eficiencia o con marcos de competencia de mercado.

Los resultados relacionados con aspectos del empleo del sector de las artes visuales en otros ámbitos geográficos son igualmente dicientes. En el estudio Los trabajadores del sector cultural en Chile. Estudio de caracterización (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, Convenio Andrés Bello. Bogotá, 2004) se afirma sobre la situación de las artes visuales, que “puede entenderse como un caso bastante particular entre las áreas del sector, pues (…) es un medio que no ha logrado entrar en las lógicas del mercado.” Los datos que apoyan esta afirmación son varios: el 87% de los trabajadores de las artes visuales trabajan por cuenta propia, sin vinculación con empresas o sistemas formales, muy por encima de la media sectorial; obtienen sus ingresos de contratos puntuales; presentan un alto nivel de itinerancia entre contrato y contrato; y están, en una proporción considerable, desprotegidos por los sistemas de salud y pensiones. Por último, cabe resaltar que las artes visuales constituyen un ámbito donde las probabilidades de dedicarse de manera exclusiva a esta actividad es muy baja, según el estudio referido. Es corriente que estos trabajadores se dediquen a actividades alternativas para ganar su sustento: dar clases, diseño gráfico, etc.
 
Las artes visuales: entre la invisibilidad y el mercadoUn último conjunto de datos que dan cuenta de la situación de la economía del sector de las artes visuales es el que tiene que ver con la asistencia a museos en la región iberoamericana. Al menos tres estudios reflejan este indicador. Los datos del Observatorio de Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires exponen los ingresantes a museos de artes visuales en la ciudad. Los datos sugieren una disminución importante de entradas en los últimos años.

En Colombia la Encuesta de Consumo Cultural 2007 reveló que del total de la población de 12 años y más, el 37,72% asistió en los últimos 12 meses a algún espacio cultural como bibliotecas, casas de la cultura, centros culturales, museos, centros históricos, galerías de arte y salas de exposiciones. De este porcentaje, el 17,71% corresponde a hombres y el 20,01% a mujeres. En el caso de las respuestas negativas frente a la asistencia a estos espacios culturales, el 62,28% de la población afirmó no asistir a ninguno de éstos, dato del cual el 33,05% son hombres y el 29,23% mujeres.

Algunas claves para explicar más en profundidad estos factores se encuentran en un estudio de otro ámbito geográfico. La Encuesta a públicos de museos 2008-2009 realizada por Conaculta en México revela que la razón principal de la visita de los mexicanos a los muesos, en un 39.5 %, es para entretenerse, pasar un rato agradable; en tanto que el 31.6 % afirmó asistir al museo para hacer una tarea, se lo pidieron en la escuela. Igualmente diciente es la razón de no asistencia a estos espacios. A los mexicanos que no van a los museos se les cuestionó sobre el motivo por el cual no los visitaron. Se obtuvo que más de la mitad de los encuestados se encontraba trabajando, mientras que más de la cuarta parte aseguró que no le gustan los museos. Quizá esto se explica a partir de la concurrencia de un número creciente de alternativas de entretenimiento y uso del tiempo de ocio que los medios digitales significan en nuestras sociedades; si bien los medios digitales pueden también ayudar a dar a conocer el acervo existente de obras visuales. Pero más y mejores estudios sobre consumo de artes visuales deben ser hechos para afinar los diagnósticos.

Como se ve, la información sobre los múltiples aspectos económicos de las artes visuales en Iberoamérica es especialmente fragmentada y escasa. Carece de una visión conjunta de sector productivo, tal vez porque no lo es en estricto sentido. Su estructura está más cerca de lo artesanal que de lo industrial. Los ejemplos que revelan una participación económica débil de este sector a nivel económico y una escasa productividad laboral de los artistas visuales, sugieren que la importancia de este sector radica más en su relevancia estratégica como sector creador de bienestar, imaginarios e identidad en los individuos, que como sector económico. Sin embargo, difícilmente es un sector que debe estar abstraído de las dinámicas productivas. La insuficiente financiación de museos y galerías por parte de los Estados, necesita de alternativas de mercado para permitir el buen funcionamiento de estos espacios, sobre todo en un contexto de desarrollo de las tecnologías digitales. La inestabilidad laboral de sus trabajadores necesita de políticas laborales hechas a medida, pero la información necesaria para generar políticas culturales que atiendan de manera efectiva los problemas económicos del sector, una vez más, parece ser insuficiente Fin


* Asesor en temas económicos de ODAI